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El Proyecto HURGE. ¿Es necesario Humanizar las Urgencias?

Me siento a escribir este artículo, y se me acumulan las cuestiones que evocar y tratar en él. Por ello me van ustedes a permitir, que me sirva una copa de Pedro Ximenez (vivo en Córdoba y nací en Jerez de la Frontera, así que esto es inevitable) mientras ordeno recuerdos e imagino conversaciones y momentos… para poder plasmárselos en este papel en blanco (aunque el papel en realidad sea una pantalla… lo cual, por cierto y dicho sea de paso, es una auténtica pena).

Comienzo recordando mis inicios, pocos días tras terminar la carrera de Medicina, trabajando como Médico de urgencias menores a domicilio, entrando en las casas y acercándome a la cabecera de la propia cama de los pacientes. Y desde ahí, ya sin querer, me va a venir toda esta historia que quiero contarles… rodada.

Queridos lectores, soy Médico intensivista (para los no sanitarios… Médico especialista en Cuidados Intensivos… vamos, que trabajo en la UCI). Pero lo que ustedes no saben es que antes de comenzar mi residencia en esta especialidad, estuve seis años trabajando como Médico de Urgencias intra y extrahospitalarias.

Y sí, lo hice durante todo ese tiempo, sin haber estudiado el examen MIR, y sin poseer la necesaria especialidad de Medicina de Familia para trabajar en Urgencias.
Las razones fueron tres: Primera, terminé mi carrera en una época en que la escasez de médicos en ciertos lugares, hacía que pudieras trabajar en Urgencias sin poseer dicha especialidad (en cuyo caso el que lo hicieras bien o mal dependía de que tuvieras la vergüenza de prepararte por tu cuenta y buenos maestros que te enseñaran el arte… lo cual por fortuna y arrestos, tuve); Segunda: Un vecino me ofreció trabajo el mismo día en que terminé (gracias Enrique), y tercera y fundamental: Mi corazón había sido cruelmente destrozado días antes de obtener mi título de Médico, de una manera que iba a hacerme totalmente imposible que durante los siguientes años, fuera capaz de encerrarme a estudiar el MIR ocho horas al día durante un año completo (este es un artículo de humanización, y las cuestiones humanas se han de contar sin vergüenza ni trabas, ya que nuestra biografía, es la que nos lleva muchas veces por un camino u otro de nuestra profesión).

La cuestión fue que miren ustedes por donde, mirado ahora aquello con perspectiva (hace casi veinte años), esa rotura cardiaca me vino genial para mi vocación. Que curiosa la vida… ¿verdad?

Ese primer año en Jerez, atendiendo casi exclusivamente las típicas enfermedades de toda la vida en domicilios, me hizo conocer la medicina de verdad, con todo el componente humano que conlleva (lean ustedes Chamán, de Noah Gordon ¡por Dios!), aquella medicina del médico que entraba en los hogares (solo, solito, solo… y en el barrio que fuera) y en las vidas de las personas, a conocer esos dormitorios con olor a enfermedad, a pedir la cuchara para verle “las anginas” al niño, a mirar oídos, tocar barrigas, palpar un pulso acelerado para sospechar que un enfermo tiene fiebre ante la ausencia de un termómetro (gracias por el consejo, mamá), a tomar tensiones a abuelitas sentadas en su mecedora, a “pinchar culos” (perdónenme la licencia de dicho término y déjenme también dar las gracias a los enfermeros que me enseñaron a hacerlo atacando el respaldo de una silla), a explicar a la madre por qué los supositorios se ponen al revés, a cómo hacer que un niño abra la boca (gracias Javier Lucena estés donde estés), a tocar una frente, a sentarme en una cama, a que te enseñaran las heces en el orinal (y también a saber dónde suele estar, para no darle con el pie al acercarme a la cama), a que te tosieran encima pringándote de mocos (eso en el mejor de los casos), a no enfadarme cuando oía que a mi llegada gritaban… “¡Papá! ¡Que ya ha llegao el mushasho del Centro Médico! A sentarte a hablar con ellos (que era el motivo real por el que el abuelo había llamado al nuestro centro), a ver cómo era la vida de los viejitos que vivían solos y enfermos, a tomarme un café con ellos, a ver a las personas morir en sus camas… ¡Carajo!… ¡Morir en sus camas rodeados de toda la familia… y en paz!
“Aprender a aprender”, sumar, ganar, aprender a ser humano, un poco más cada día… Gracias Manuel Pérez Castro, por enseñarme a tantas cosas al pie de la cama de un enfermo, y por enseñarme a bromear con ellos, y por comenzar a hablarme un día de las Urgencias Hospitalarias, del 061 (ahora 112… que poco romántico eso del 112). Y a hablarme también de los Intensivistas.

Y luego vino el 061 de Jaén, y el Hospital de Úbeda y sus traslados interhospitalarios en UCI-Móvil, y los centros de Salud y pequeños consultorios de la Sierra de Segura en Jaén, donde a veces nos quedábamos bloqueados por la nieve y donde el médico conocía a todos los del pueblo. Y el Centro de Salud de Baeza (donde aquello no era una plantilla, sino una familia… ¿verdad Rosa, amiga mía del alma? (Todos los que os dedicáis a esto sabéis los sagrados vínculos que se establecen con los miembros de tu equipo cuando es fijo, sobre todo en las Urgencias extrahospitalarias).
Y mientras… seguían las visitas a las casas de los pacientes (esas a las que ahora algún adjunto manda al residente). Qué bonita medicina… romántica medicina, humana medicina… ¡¡y qué cercana!! (A pesar de aquel chico que vino a la una de la madrugada porque se había pinchado el pulgar con un alfiler, o de la chica de 18 años que exigía de malas maneras que le atendieras porque a las cinco de la madrugada del 31 de diciembre “se había notado la cabeza caliente al salir del cotillón” … Mi querida niña… si supieras que fuiste tú la que aquella madrugada me hiciste decidir ser Intensivista en vez de Médico de Familia…

Y por fin, cuando un día se me rompió la tibia y a la vez se me comenzó a arreglar el corazón un poquito, me senté a estudiar el MIR. Y saqué mi plaza para comenzar la residencia como intensivista. Y entonces me fui a un Hospital grande donde los primeros seis meses… para mi sorpresa, ni olí la UCI. Me mandaron… ¡A Urgencias!… !Ohhhh yeah!

Y ahí, fue justo ahí, donde se produjo el brutal choque de realidad en las Urgencias de un Hospital enorme (y luego de otros que conocí). Ahí, vi de primera mano e impactándome en toda la cara, la deshumanización en Urgencias.
Porque el trato humano en Urgencias… y aquí viene un importante descubrimiento… (señoras y señores, no lo olviden nunca), depende casi exclusivamente de la buena voluntad de los profesionales que en ese turno estén. Desde el administrativo, hasta el cirujano que le intervenga, pasando por todos y cada uno de los demás: Celadores, Auxiliares, Enfermeras, Médicos, Técnicos de Rayos… Porque un plan, protocolo, o estructura organizativa hospitalaria para asegurar unas Urgencias humanizadas… No hay.

Por eso, el Proyecto HURGE, es imprescindible.

Démonos un paseo por la mayoría de las Urgencias de los Hospitales españoles, y veremos que las Urgencias no están diseñadas para las personas. La arquitectura falla, no hay suficientes espacios privados y estos no son amables (recuerden esos pasillos llenos de camillas amontonadas con personas enfermas, o esas observaciones con cortinillas entre pacientes), escasea la luz (algunas urgencias están en semisótanos).
El equipamiento en ocasiones es escaso, o antiguo. El ruido puede ser tremendo (a ver quién es el paciente que duerme ahí). Me van a perdonar aquellos Hospitales con una arquitectura humanizada y pensada para las personas… sé que los hay y conozco alguno (no los voy a nombrar) … pero la situación general es la que es.
Las personas esperan en salas de espera masificadas e incómodas en vez de en salas de estar, y cuando la espera se eterniza, nadie sale a explicarles el motivo (por experiencia, cuando a alguien se le explica algo, se siente respetado y se relaja).

La ratio de médicos y enfermeras no es adecuada para el número de pacientes que acuden en masa algunas veces y tampoco hay suficientes trabajadores sociales, ni psicólogos.
Llegados a este punto, reflexionen: ¿Le vamos a pedir cuidados humanizados a personas que no dan abasto? Queridos lectores: Quizás sea suficiente con que no se les muera gente, o no comentan un error fatal, o no terminen hastiados y quemados.
Señores… Hay que cuidar de los que cuidan, para que puedan cuidar de nosotros. No olviden una cosa… el sistema público sanitario español se sostienen en pie, gracias al nivel de sus profesionales… y a que su remuneración económica es la mitad que la de los países de su entorno (el sistema privado, igual). Así que… no estaría nada mal tener eso en consideración y aumentar plantillas. Y dar más palmaditas en la espalda, a todos los trabajadores de Urgencias de este país.

No existen suficientes cursos en habilidades humanas (comunicación en situaciones difíciles, sistemas de detección del desgaste profesional y medios para prevenirlo, resiliencia, escucha activa, trabajo en equipo, cursos básicos de humanización). El sistema hace muy difícil premiar a personas con iniciativas, que buscan medios de mejora o investigan sobre ello. Carl Young (coetáneo de Freud) decía: “Conozca todas las teorías, domine todas las técnicas… pero al tocar un alma humana, sea apenas otra alma humana”.

¿Saben por qué quise contarles mi historia previa con la medicina a pie de cama en las casas de los pacientes… de las personas? Pues porque hoy en día, la mayoría de los médicos pasan directamente de la Facultad, a la academia MIR y luego a la especialidad en el Hospital. Y las enfermeras, igual. Ya se ha perdido ese “entrenamiento” que se daba hace muchas décadas, cuando casi todos ellos, al principio tenían que “chupar” visitas y más visitas a las casas como parte normal de su trabajo y aprendizaje, habiendo terminado ya la carrera. Y eso, queridos amigos, les aseguro que es, aparte de una pena, un gran hándicap (Hándicap = casi “sambenito” en español). Visitar el hogar de un enfermo… te enseña mucho.
Por eso, salvo que hayas adquirido en tu educación familiar o tengas en tu ADN habilidades de trato humanizado hacia los enfermos y las personas, es necesario que, a falta de dicha formación en las Facultades (a ver cuándo se ponen a ello los del coche oficial), nos pongamos las pilas y nos formemos adecuadamente, de la misma forma en que nos formamos científicamente.

El Proyecto HURGE tiene un decálogo que habla de identificarse, ser amable, empatizar, respetar, escuchar, proporcionar intimidad, buena comunicación, facilitar la accesibilidad, respetar el descanso… Sería una buena idea hacerles caso. Porque hay que hacer caso a los que saben. Y los que saben de esto, son ellos. Los que están partiéndose la cara por sus pacientes todos los días a pie de cama… o con más mérito todavía, en el asfalto de la calle, o en medio del monte.

Hay mucho que aprender, mucho que hacer. En las III Jornadas de Humanización de los Cuidados Intensivos celebradas en Granada el pasado mayo, hubo una mesa en la que participaron “urgenciólogos/emergenciólogos”. Allí, pude expresarles mi opinión: Que la misión de humanizar urgencias era tremendamente difícil… pero quizás fuera la que más impacto tendría dentro de un Hospital.

Todos hemos de entonar el mea culpa y poner de nuestra parte. No tirar balones fuera, colaborar e implicarnos: Si a los políticos y gerentes se les exigen medios y personal, también nosotros debemos formarnos en habilidades humanas (por eso creamos en el Proyecto HU-CI los cursos de Herramientas Humanas), seguir el decálogo del Proyecto HURGE, apoyarlos, darles ideas, dar visibilidad a buenas prácticas que se realicen en los diferentes Hospitales y Servicios de emergencias extrahospitalarias, aportar seriedad, rigor, metodología científica, estudios clínicos, acciones de mejora basadas en evidencias, en investigaciones cualitativas, y también formar un grupo cohesionado y fuerte. Y, sobre todo en nuestro trabajo diario, tener en cuenta que nuestros pacientes, asustados o preocupados, nos buscan poniendo todas sus esperanzas en nosotros.
Trabajar en Urgencias es muy difícil. Seguramente es el lugar más difícil de toda la sanidad. Pero aun así, debemos intentar no perder la alegría que nos ha de dar el privilegio de poder curar y cuidar de las personas. Porque muchos de los males que allí llegan, casi se curan o por lo menos se alivian con una sonrisa y palabras amables… Y lo sabéis, lo sabemos todos.

¡Ah!… para terminar, un detalle que se me olvidaba… Homenajeando el final de la película “Regreso al futuro” con todo mi cariño y pidiendo mil perdones por adelantado:
Si algún día, allá por el año 89, os llega un chico de 16 años por un accidente de tráfico, con una fractura-luxación de cadera… no lo dejéis solo en una sala tanto tiempo, ni os contéis chistes mientras le hacen las radiografías (seguro que le duele mucho, que pasa un miedo tremendo, y no entiende el por qué… a esa edad, los chicos son tan impresionables) … ¡Y quien sabe, a lo mejor a causa de ese accidente, termina haciéndose médico y todo!

Humanizar toda la sanidad… es necesario; humanizar las Urgencias, es imprescindible y apremiante. Y estoy seguro de que lo conseguiremos.
¡Mucha H para todos!

José Carlos Igeño Cano.
Miembro del Proyecto HUCI.
Jefe de Servicio de Urgencias y Cuidados Intensivos.
Hospital San Juan de Dios de Córdoba.

2017-11-24T15:43:23+00:00 26 noviembre 2017|Opinión|

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3 Comentarios

  1. Aurelio noviembre 29, 2017 en 9:45 am - Responder

    Genial
    ????

  2. María del Mar Fontané noviembre 29, 2017 en 2:28 pm - Responder

    Suerte tienen tus Servicios de tener un jefe que piensa y siente como tú. Me han encantado tus vivencias. Soy médico del Servicio de Urgencias del Hospital Son Llàtzer de Palma de Mallorca

  3. Enric Benito diciembre 4, 2017 en 8:24 am - Responder

    Extenso,intenso y sincero
    Gracias por compartir

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